Jorge Boccanera: el hombre que coincide con sus versos.

0   28   13/07/2021

Por Aldo Parfeniuk      

(Poeta y ensayista)    

 

    Conocí la poesía de Jorge Boccanera hace unos cuantos años (antes de Internet) en salteadas publicaciones literarias. Al tiempo,  lo escuché decir sus poemas en alguna ya lejana Feria del Libro de Córdoba y continué leyéndolo en las redes.  En alguna ocasión, hace ya algunos años, nos cruzamos  en una de las memorables jornadas de música y poesía del patio de Cristina Y Rodolfo Herrero, en Cosquín, después de una de sus lecturas en el Encuentro de Poetas con la Gente en la escuela Roca, dentro del marco del Festival de Folklore. Al poco tiempo volví a encontrarlo en uno de los ya prestigiosos Festivales-Encuentros capitalinos anuales del Centro Cultural de la Cooperación, en el cual él era una de las figuras principales junto al colombiano Juan Manuel Roca. Sabiendo que me habían invitado a ese Encuentro, Rodolfo Herrero –fiel a esa costumbre que tenemos los provincianos- me pidió que le acercara a Boccanera un salame de la Colonia y el abrazo que no permite que se pierdan los afectos y la amistad, a pesar de las distancias.

Como redactor de Télam le debo una  entrevista (y su difusión) que sigue teniendo lectores on line sobre el asesinato del editor Alberto Burnichon por  los militares de la Junta que dio el golpe del 76.  Volviendo a su poesía: una experiencia emocionante fue escucharlo leer –leer y relatar la pertinente anécdota referida a su abuelo-  su poema “El peluquero”, profesión que también practicó mi padre a la par de la de músico. El hecho es que fue escuchándolo en la jornada del CCC de la Av. Corrientes donde terminé de cerrar la correspondencia entre poeta y poesía, con lo que aquellos textos que yo recordaba del pasado cobraron nueva fuerza y entidad por así decirlo; entendido ello en el sentido del Borges  de  “Hombre de la esquina rosada”,  cuando, si mal no recuerdo,  señalaba el detalle de que “el hombre se parecía a su voz…”. Parafraseando la metonimia, efectivamente creo que Boccanera su parece a su poesía, que no por vasta y variada deja de reconocerse en su voz.  Quiero decir que sin saber muy bien qué cosa valiosa agrega la personalidad (y la persona) del autor a su obra, me gustó encontrar en Boccanera una autenticidad -que también puede entenderse como coherencia- que no suele abundar en un panorama poético, como me parece que es el actual, cada vez más poblado de voces momentáneas, cultoras de una poesía de baja intensidad y de impactos leves. Más allá de que sea cierta aquella verdad que sostiene que la poesía –el arte en general- sopla cuando, donde, y como ella  quiere. 

Sumado a lo anterior, creo que con Boccanera  de algún modo siguen presentes vívidamente  entrañables poetas “comprometidos” nuestros ( especialmente Raúl Gonzalez Tuñón y su admirado y bien estudiado Juan Gelman…) también ejemplares cultores del periodismo responsable y la crónica histórico-cultural. Poetas sólidamente entramados en/con el mundo de la vida, seriamente involucrados en los avatares de su tiempo y de una condición humana reiteradamente puesta en jaque por los funestos poderosos de siempre. Creyente de que la belleza y la justicia poética también deben circular en las formas musicales de lo popular, el bardo bahiense frecuentará con fortuna un cancionero que incluye obras de diversos géneros. Tanto con Alejandro Del Prado, Raúl Carnota, Lito Nebbia, Nahuel Porcel de Peralta o Pancho Cabral -entre otros-  nos va dejando un cancionero elocuente de su consustanciación con lo que vive y siente la gente y el mundo cotidiano de nuestro tiempo: con centro en una Argentina latinoamericana que él ayudó a visibilizar, pero irradiado con palabras certeras y clarividentes hacia el hombre universal. Jorge Boccanera le toma el pulso al hombre en medio de la calle porque allí es donde se oye latir más vivamente  su corazón, protagonizando el incesante vaivén de la alegría y el dolor, de la duda y la esperanza, de la vida y la muerte, algo que nuestra época ha puesto  en escena -disfrazado de  pandemia- al modo de una tragedia dolorosamente aleccionadora y que muestra al desnudo nuestra fragilidad.

Por eso la aparición de su Poesía Reunida (1974-2016) con el título de “Tráfico/Estiba” debe ser debidamente celebrada. La cantidad de notas y análisis publicados con tal motivo, más los estudios consagrados a lo largo del tiempo a su ya voluminosa obra, convierten en  ociosa cualquier acotación novedosa, tanto sobre la reunión de once de sus libros en uno solo, como sobre su poética, de preguntas socráticas y notoriamente atravesada tanto por el trabajo del tiempo, como por la suerte de los otros , los espejeantes vaivenes del amor y el desamor o de la vida y la muerte, entre otros temas. 

A propósito y a modo de cierre: un testimonio oportuno y elocuente de algo de lo que aquí se dijo, quizás sea este poema que hace un tiempo Boccanera le dedicara a la poeta recientemente desaparecida -por propia voluntad- Laura Yassán, poema que de algún modo anticipa visionariamente lo que luego sobrevendría.

 

Espejito de mano

                     a Laura Yasán

Mírate bien, hoy eres

una cara de trapo al fondo del aljibe,

un perfil oxidado que ondea bajo el agua.

Mírate bien, hoy somos

el ladrido del viento.

Te advertí, te lo dije,

es un sepulturero que cobra como artista.

Seguro ya te olió. Su corazón helado

vende casas de polvo en los despeñaderos.

Te advertí, te lo dije, el espejo compra muebles

usados

y trabaja en el rostro con cuchillos sin filo.

Mírate bien, hoy eres un hospicio,

un extraño,

reverso de una imagen que se repite y dice

uno de los dos está muerto.

 

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